EL INFIERNO DE LOS MATADEROS

La reciente aprobación de un Real Decreto que tiene como objetivo "no ocasionar a los animales agitación, dolor o sufrimiento evitables" es una norma de dudosa aplicación, si se tiene en cuenta que los mataderos no son precisamente residencias de reposo, sino lúgubres y dantescas instalaciones cuya función es la de segar sistemática e innecesariamente la vida de millones de animales cada año.

La nueva normativa más detallada y completa que la redactada en 1987 incluye, por ejemplo, a los animales de peletería, como los visones y las chinchillas y también los pollitos de un día, pero no regula la experimentación ni la muerte de animales en manifestaciones "culturales o deportivas", la caza o los sacrificios coránicos y hebreos. Según la ley, "todos los sacrificios habrán de hacerse con los animales debidamente sujetados para evitar, en la medida de lo posible, el sufrimiento y las heridas o contusiones innecesarias", siguiendo los métodos de matanza válidos para cada especie y los requisitos para que el toque de gracia sea certero; pero si tenemos en cuenta el repertorio de los métodos utilizados: pistola o fusil de balas, electrocución, decapitación o dislocación del cuello, inyección letal, cloroformo, monóxido o dióxido de carbono, campanas de vacío, etc..., es sumamente improbable que los expertos (verdugos) encargados de esa cadena de muerte y dolor sepan distinguir lo necesario de lo innecesario, o que sientan cualquier sentimiento de compasión hacia las víctimas que matan fríamente a destajo cada día.

Las prohibiciones que pudieran formar parte de un manual de matarife "educado" no son otra cosa que la admisión de que tales prácticas están generalizadas y, si tenemos en cuenta el desgaste psicológico que genera toda operación en cadena y la falta de identificación con los intereses individuales de los seres vivos que componen la materia prima de los mataderos, las nuevas reglas se pueden interpretar como un reconocimiento tácito de la imposibilidad real de proporcionar tan siquiera una muerte menos traumática a los animales.

La principal dificultad para poner en práctica los consejos que pudieran extraerse de esta legislación estriba en el hecho de que los animales - testigos y víctimas involuntarias de un horror sin límites - no se dejan matar "bien" y en la naturaleza violenta de la operación que implica el transporte, carga y descarga, la matanza y el despiece de miles de animales cada día.
 


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