Vacas cuerdas, hombres locos
por Francisco Martín, febrero de 2001

Lo verdaderamente extraordinario de la crisis de las vacas locas es el proceso que ha hecho posible su desarrollo. La monumental obra “De Re Rústica” del escritor gaditano Lucio Moderato Columela, nacido poco antes de Cristo, hace referencia al cuidado de la alimentación de los herbívoros, recordando lo que era y es de todos sabido, que la ingestión por las vacas de piensos cárnicos daña su cerebro. Algo que había sido confirmado hace veintidós siglos por el comediógrafo Tito Maccio Plauto: que un animal que se alimenta de hierba se vuelve loco si come carne.

El intenso debate que está caracterizando el comienzo del nuevo siglo, sobre el origen y la naturaleza de los productos utilizados en explotaciones ganaderas, donde animales herbívoros han sido deliberadamente alimentados contra natura con harinas preparadas con restos animales procedentes de carnicerías y granjas, cadáveres de animales atropellados y lodos residuales, está convulsionando las costumbres de millones de consumidores y generando una actitud más crítica de rechazo a la carne en Europa donde, a pesar de las medidas incoherentes y atropelladas de los gobiernos para atajar el miedo, totalmente justificado de los consumidores, se espera una caída del consumo de más del 60% en 2001.

El mito de la carne

La verdadera raíz de la actual crisis internacional de confianza alimentaria está en la adopción de un sistema de producción de alimentos basado en la cría y matanza masiva de miles de millones de animales, que no guarda ninguna relación con los métodos tradicionales de ganadería ni con nuestras necesidades nutritivas.

Si admitiéramos que el ser humano no es un depredador natural, cualquier producto animal carecería de todo sentido o justificación. Sin embargo, el mito de la carne y la mentalidad utilitarista que fomenta su consumo nos presenta unas imágenes tan distorsionadas de la realidad que permiten mantener la ficción de un animal, carente de emociones, seccionado en varias partes que pueden estar, o no, libres del temido mal, que egoistamente nos preocupa, según la conveniencia económica del momento, o la contundencia de las pruebas incriminatorias que desaconsejen su comercialización y utilización. Mentalidad que permite y justifica el uso de sustancias, legales e ilegales, como antibióticos, hormonas y piensos a base de harinas de carne y huesos, en función de criterios puramente mercantilistas, a pesar de las enfermedades e infecciones que han hecho posible el desarrollo del mal de las vacas locas y su equivalente humana conocida como nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ), que destruye el sistema nervioso central, debido a la mutación de una proteína o prión mortal que se encuentra en los tejidos de los animales infectados.

La explotación de la vaca

La vaca es un noble animal herbívoro explotado por su carne, leche y piel que, al igual que otros seres domesticados o esclavizados, sufre las tristes y trágicas consecuencias de los aberrantes errores dietéticos y científicos que han originado la crisis de las vacas locas, y la interminable lista, nada atractiva, de Materiales Específicos de Riesgo (MER), provenientes del matadero, como las amígdalas, el intestino, la médula, los ojos, los sesos y también el espinazo de vacas afectadas por la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB).

Los dos millones de vacas, condenadas a una existencia sin sentido y a una muerte indigna y prematura por la burocracia europea, que serán incineradas para tranquilizar a la opinión pública, y esos cuerpos que yacen en tantos enterramientos ilegales como dedo acusador y anunciador del apocalipsis, deben ayudarnos a despertar del letargo ético y emocional que ha permitido, a través de la historia sangrienta de la humanidad, las masacres de seres inocentes por falta de solidaridad con las víctimas.

En España, donde siguen apareciendo casos de vacas locas, y personas tratadas, en varias clínicas y hospitales, con un fármaco contaminado con albúmina de un paciente que desarrolló la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (el radiofármaco Amerscan Pulmonate II), el macroprograma presentado por el gobierno de cara a la galería, para afrontar la crisis de las encefalopatías espongiformes, cuenta con una aportación de 53.600 millones de pesetas, cantidad insuficiente, si se tiene en cuenta que sólo se podrán destruir el 65% de los 275.000 animales previstos en el plan de subvenciones y medidas exigidas por Bruselas para combatir la crisis en España. La eliminación de las 431.000 toneladas de harinas de carne y hueso supondrán 11.000 millones de pesetas, y otros 5.600 millones servirán para compensar a los fabricantes de las harinas que se van a destruir. También se prevé realizar 350.000 análisis a los bovinos de más de treinta meses, de acuerdo a la directiva europea, y de forma un tanto aleatoria, a los animales procedentes u originarios de Francia, Irlanda, Suiza y Portugal, al superar los veinte meses.

Los resultados de la primera fase de la investigación, en relación con el mal de las vacas locas, no invitan a bajar la guardia en la lucha contra la Encelopatía Espongiforme Bovina. Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) han inmovilizado más de medio millón de kilos de piensos cárnicos prohibidos, y han interpuesto 4.620 denuncias por infracciones administrativas, 14 por infracciones penales y siete personas han sido detenidas. Debido a la complejidad de la normativa, no hay ningún detenido por falsificación de crotales, ni por la venta o tenencia de piensos prohibidos.

En Italia, la aparición de un caso de EEB en una vaca de seis años, que fue sacrificada en un matadero que suministra carne a McDonald´s, hace pensar que la prohibición de utilizar harinas de origen animal no se ha respetado. Las asociaciones de consumidores desconfían, con razón, de las palabras de los ministros de Agricultura y Sanidad, Alfonso Pecoraro y Umberto Veronesi, que anima a los italianos a seguir comiendo carne, aunque es un vegetariano convencido. El escándalo de la utilización de piensos cárnicos (prohibidos), traspasa las fronteras europeas. Jacques Diouf, Director General de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estima que desde 1986-1996 hasta ahora, las harinas cárnicas, y las vacas, procedentes de Europa, han sido exportadas a más de 100 países de Oriente Próximo, Europa Oriental y Asia, que han podido volver a exportarlas a terceros países.

El negocio taurino

La crisis de las vacas locas también está trastornando al mundo taurino, preocupado por las medidas europeas que puedan dar la puntilla a su abominable negocio, dentro del Plan de Control de la EEB. Los ganaderos no quieren renunciar a la comercialización de la carne de toro, pero estarían dispuestos a aceptar que los toros mayores de veinticuatro meses que se maten en los 17.000 festejos anuales sean sometidos al test prionic para detectar el mal de las vacas locas y a una hipotética incineración, siempre que el gobierno central les indemnice con 60.000 pesetas por animal.

El triste destino del toro, mal llamado de lidia, es una muerte dolorosa y cruel para la que no está preparado, que tiene lugar el primer o segundo año de su vida en novilladas sin picadores; el tercer año, en novilladas picadas, o a los cuatro años en las plazas consideradas de primera. Habitualmente el ganadero y el empresario pactan, en contrato, el destino de la carne y la cabeza del animal que, en vez de ser abierto en canal y despiezado en el desolladero, ésta temporada podrá ser incinerado (léase convertido en harina, debido a la carencia de medios, en España) como un apestado, para redimir como un dios los errores capitales de los mercaderes de la muerte que, incapaces de valorar su vida, la manipulan, trafican con ella y, finalmente, comercian incluso con el destino de sus tristes despojos.

Carne a toda costa

Como sucede con los nuevos medicamentos, hasta que aparecen sus efectos secundarios, los carnívoros empedernidos, consumidores de nuevas carnes de animales tan exóticos, como el avestruz, búfalo, cabra montesa, canguro, cebra, cocodrilo, emú, kudú, reno, etc., creen haber encontrado un nirvana gastronómico seguro, desde el cual observar a las posibles víctimas del mal de las vacas locas incapaces de contener sus irrefrenables deseos de carne de vaca, cerdo o pollo, sobre las que también existen sospechas de ser agentes potencialmente contaminantes del mal, que sólo parece respetar a quienes, como los veganos, se alimentan de frutos y plantas de origen exclusivamente vegetal.

La adicción a la carne tiene un fuerte componente psicológico que marca la etapa infantil y el desarrollo de nuestra personalidad. Aprendiendo a ser lo que comemos, o a comer lo que creemos ser, establecemos una relación afín o de rechazo hacia lo que nos rodea. Un proceso difícil de superar en la etapa adulta, teniendo en cuenta que raramente logramos definir claramente nuestra verdadera identidad. Sólo cuestionando la tiranía del estómago sobre la mente, y los mitos y miedos atávicos que condicionan nuestro comportamiento, podremos vencer los falsos placeres que manipulan nuestra conciencia y esclavizan nuestros sentidos, impidiéndonos ver que un filete de cualquier animal sólo es la parte incompleta y segmentada del todo que nos falta para ser nosotros mismos.

La vía láctea

“Quienes se lamentan de la barbarie que procede de la barbarie, son como los que desean comer ternera sin matar al ternero. Están dispuestos a matar al ternero, pero les desagrada ver la sangre. Se contentan fácilmente con que el carnicero se lave las manos antes de pesar la carne”. - Bertolt Brecht

Quienes creen que se puede beber leche sin matar al ternero no son conscientes que, si bien matar es malo, peor es hacer daño y luego matar; lo peor de todo es hacer daño, continuar haciendo daño y, sin embargo, no matar. Algunos dolores llegan a ser tan insoportables que pueden hacer que el matar parezca casi un acto compasivo, y sin embargo, seguimos ignorando el enorme dolor, el sufrimiento y la separación traumática que padecen las vacas y sus crías en los sistemas intensivos para producir la carne o la leche destinada al consumo humano, en medio de unas condiciones de hacinamiento y privación, psíquica y fisícamente intolerables, que incluyen también la administración de productos químicos para garantizar un engorde rápido.

Algunos animales se crían como sementales y pasan sus tristes días estabulados en compartimentos solitarios para servir, como agentes involuntarios -en el 75% de los casos sin contacto físico alguno- a la inseminación artificial de las vacas. Una cuarta parte de los terneros separados forzosamente de sus madres al nacer se destinan a la producción de leche, mientras los demás -explotados para satisfacer la demanda de carne de ternera blanca- son obligados a permanecer en la oscuridad de un cobertizo cerca de seis meses, privados del contacto de su madre o sus semejantes y alejados de la hierba y el sol, en estrechos cajones de madera o compartimentos individuales donde no pueden siquiera tumbarse cómodamente ni realizar ningún tipo de movimiento, con la cabeza sujeta y pegada a un abrevadero que, en vez de agua, contiene un líquido artificial desprovisto de hierro y sales minerales, compuesto sólo de leche desnatada reconstituida, sin ningún alimento sólido, paja o fibra -elementos esenciales para su bienestar psíquico y fisiológico-, con el fin de obtener una carne enferma apreciada por gourmets de paladares insensibles e ignorantes.

Antiguamente, antes del inicio de la agricultura intensiva y de la introducción de los piensos y forrajes concentrados en la alimentación de las vacas, los granjeros que no podían mantener vivas a muchas vacas durante el invierno -debido principalmente a la escasa demanda de leche líquida que había- organizaban grandes matanzas que hacían bajar el precio de la carne. Los granjeros utilizaban la leche para hacer mantequilla y queso, pero el instinto que aún tenían las madres entonces -con abundante leche para amamantar a sus crías- les hacía rechazar y considerar la leche de vaca como un alimento inadecuado para sus hijos que, en caso de perder a sus madres, eran alimentados por madres nodrizas.

Vaca con mastitis Esta situación fue cambiando gradualmente a partir de finales del siglo XVIII, cuando los doctores empezaron a recomendar preferentemente la leche de vaca en detrimento de la leche humana aportada por madres nodrizas, que a menudo eran causa de conflicto en el hogar. Al comprobar las madres que sus crías crecían más y más rápido, y sobre todo que a sus bebés no les salían cuernos ni cola como a las vacas, se fue debilitando su oposición instintiva a adoptar la leche de un animal de otra especie, naciendo así una industria que depende para su éxito comercial de la manipulación y degeneración física de las vacas, que han pasado de tener 3 litros de leche al día, para uso exclusivo de su cría, a producir 30 litros diarios, llegando a pesar su ubre llena hasta 50 kilos. Por lo que no es de extrañar que el 20% de las vacas lecheras estén cojas, o que el 25% sufran infecciones como laminitis o mastitis, debido a las condiciones hostiles y antinaturales del medio en el que se encuentran (que hacen que la leche contenga una cierta cantidad de sangre y pus). La esperanza de vida de la vaca se ve así sensiblemente reducida a causa del desgaste de las enfermedades que padece (36%), la baja productividad (28%), o su incapacidad reproductiva (36%), y es destinada al sacrificio prematuro en el matadero a la edad de tres o cuatro años.

Algunas personas aún creen que las vacas “dan” leche del mismo modo que el agua sale del grifo, siendo incapaces de comprender que las vacas tienen que parir una vez al año para seguir produciendo la leche que, al igual que la carne, también puede contagiar la enfermedad que produce el canibalismo involuntario al que son sometidas.

La leche bajo sospecha

La leche, ese mito casi intocable -de cuyo líquido y derivados se consumen una media de 115 litros por persona y año, o seis millones de toneladas anuales, en España-, está siendo investigada como agente transmisor de la EEB, en Alemania.

La ministra de Agricultura Renate Künast ha admitido la posibilidad de que la leche y sus derivados puedan llegar a contagiar la enfermedad, en línea con las afirmaciones del presidente de la Federación de veterinarios, Herbert Wohn, que teme que la leche en polvo de reconstitución, obtenida a base de grasa de vaca, pueda haber provocado varios casos de EEB, debido a que la leche se calienta a muy baja temperatura. También el Reino Unido, con una mayor incidencia de la epidemia, ha ordenado realizar un mayor número de test en la leche de vaca para establecer si los consumidores están amenazados por la infección.

Leche animal y leche vegetal

Del mismo modo que cada especie tiene una composición sanguínea específica, la leche de los mamíferos también satisface unas necesidades nutritivas particulares, con un porcentaje de proteína adecuado al ritmo de crecimiento de cada especie. Desde el nacimiento un conejo, por ejemplo, dobla su peso en seis días; un gato en nueve; un ternero en cuarenta y siete días, y un bebé humano en seis meses.

La leche -un producto altamente industrializado debido a su limitada conservación-, procedente de animales manipulados y mal alimentados, es un verdadero cóctel concentrado de antibióticos, hormonas (estrógenos), plaguicidas y micotoxinas, contaminado con sangre, bacterias y células blancas (pus), que puede sustituirse con ventaja por leches nutritivas de semillas vegetales como la leche de almendras, y de soja (entre otras), con una adecuada calidad biológica para el ser humano.

Problemas de la leche

La leche, según cientos de estudios científicos, es un producto nocivo, relacionado con cólicos, irritaciones y hemorragias intestinales, diarreas, nefrosis, eczema, artritis reumatoide, anemia por falta de hierro, arteroesclerosis y reacciones alérgicas en niños y adultos, infecciones como la salmonela y el virus de la leucemia bovina, parecido al virus del SIDA, además de existir una posible conexión con la diabetes juvenil. Entre los niños los problemas que pueden manifestarse son: alergias, infecciones de las amígdalas y oído, hemorragias intestinales, asma, diarrea, enuresis, nefrosis, cólicos y diabetes juvenil. En los adultos, el consumo de leche se relaciona con las enfermedades coronarias, artritis, alergia, sinusitis, cataratas, osteoporosis, esclerosis múltiple , leucemia, linfoma, y el cáncer de colon, pulmón, próstata, pecho, ovarios y recto.

Durante los últimos doscientos años nuestra adicción a la leche y sus derivados ha alterado tanto nuestra mente, nuestras funciones fisiológicas y nuestra salud, que la vida no se concibe sin la protección de la sanidad pública, cuya loable misión es tratar toda una serie de dolencias que no se producirían en una sociedad bien alimentada, con una abundante dieta vegetal. La rectificación de muchos errores dietéticos importantes basados en el consumo de productos carentes de fibra como la leche, la carne y el pescado, que a tantos cuestan la salud e incluso la vida, implica reducir gradualmente su consumo hasta eliminarlos por completo, respetando y siguiendo unas reglas básicas llenas de sentido común:

  1. Cuando la Naturaleza diseñó las glándulas mamarias para alimentar a las crías recién nacidas lo hizo con la intención de proporcionarles leche sólo temporalmente, teniendo en cuenta los intereses de la madre y el niño.
  2. La composición de la leche y las características de los alimentos están fisiológica y específicamente adaptados para cada especie.
  3. La leche que se forma dentro de las glándulas mamarias es estéril, con la intención de que sea consumida a través del pezón de la madre, pasando directamente al retoño sin ningún contacto con el aire contaminante y la acción destructora de la luz.
  4. La carne de vaca o de cualquier otra especie es un producto inadecuado para el ser humano que no está adaptado fisiológicamente para asimilar purinas y despojos animales, sin importar su origen o supuesta calidad.
Si aceptamos que somos lo que comemos y superamos la dependencia de los productos animales no adaptados a nuestras necesidades fisícas o fisiológicas, el veganismo es la vía más ética adecuada para disfrutar de buena salud y establecer una relación más sana y respetuosa con los animales y la Naturaleza.

Francisco Martín,
Presidente de la Asociación Vegana Española (AVE)
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