El vegetarianismo: la elección ética sensata

No hay que subestimar a la oposición

El vegetarianismo está alcanzando cotas de popularidad desconocidas y cada día se generaliza más la convicción de que el estilo de vida vegetariano es más sano, compasivo y más respetuoso con el medio ambiente; sin embargo, a pesar de la amplia información a disposición de los consumidores alertando sobre los peligros que conlleva el consumo de productos de origen animal y de las múltiples ventajas de una dieta exenta de carne, las presiones de los grandes intereses comerciales, políticos y religiosos, para mantener el status quo y controlar adecuadamente las ideas y los bolsillos de sus potenciales clientes o seguidores continua distorsionando y debilitando el enorme impacto social del mensaje vegetariano.
 

La crisis de las «vacas locas»: las malas costumbres tardan en desaparecer

El reciente escándalo de las «vacas locas» puso de relieve la necesidad de nuevas estrategias para afrontar el engaño y las mentiras de la industria de la carne y sus aliados políticos. Para controlar las mentes y los hábitos de millones de crédulos consumidores se utilizan técnicas de mercado que condicionan un modo de pensar y comprar carente de todo sentido común, que permite cuestionar e ignorar como alarmista la abundante evidencia sobre los riesgos del consumo de productos procedentes de la industria agropecuaria actual.
 

McSpotlight centra la atención sobre las multinacionales

Los llamados “placeres” o voraces instintos suicidas, profundamente arraigados en la ignorancia humana y la mitología de una alimentación a base de carne, todavía aceptada como verdad convencional incuestionable, cuentan con el favor político de los gobiernos que defienden las dudosas prácticas comerciales que reportan cuantiosos beneficios a las grandes multinacionales como McDonald’s, cuyo éxito financiero, a expensas del medioambiente, de los recursos naturales y de la salud de los consumidores, representa una seria amenaza no sólo por los métodos destructivos empleados y las innumerables especies de plantas y animales exterminados, sino por poner en peligro la salud de toda la humanidad al transformar los bosques y oceános en desiertos y cloacas incapaces de mantener la vida .

La excelente campaña informativa establecida en el Reino Unido a raíz del juicio conocido como “McLibelo”, descrita por el periódico The Guardian como “la fuente de información más amplia y detallada sobre una multinacional jamás reunida”, ha puesto en evidencia la implacable estrategia social y medioambiental desarrollada por las poderosas multinacionales. La publicidad generada por el juicio de recusación, instigado por McDonald’s contra el folleto “¿Qué hay de malo en McDonald’s?”, puede haber afectado negativamente de alguna manera sus beneficios, pero a pesar de ello sus ventas crecieron un 14,2 por 100 en el primer trimestre de 1997, y sus beneficios crecieron 344,5 millones de dólares.
 

El reto de la cultura de la carne

¿Cuál sería la estrategia más adecuada en nuestra lucha de David contra Goliath para salvar lo que queda de nuestro entorno natural y hacer menos rentable la devastación ambiental y la destrucción de formas de vida únicas, existentes desde hace millones de años? ¿Qué podemos hacer para evitar que la tierra se convierta en un gigantesco matadero y un basurero lleno de inmundicia? ¿Cómo cambiar el rumbo de la nave tierra e impedir su desintegración definitiva, así como nuestro deterioro físico y mental?

La irracionalidad humana es un hecho que a todos nos concierne y que tarde o temprano debemos afrontar, en un mundo en que el mal uso de los conocimientos de la humanidad está a la orden del día en nuestra sociedad, cada vez más robotizada y preocupada por la clonación y manipulación de la vida que por el respeto a la vida y los valores fundamentales del individuo. Tanto si somos o no vegetarianos, para empezar a resolver los graves problemas que a todos nos afectan, debemos participar en la búsqueda de soluciones y adoptar una actitud clara y combativa que nos permita dejar de actuar, por acción u omisión, como parte integrante del problema.
 

Romper las cadenas de la ignorancia
 
A pesar de sus escasos conocimientos sobre nutrición humana, muchos doctores y científicos —por ignorancia, por intereses egoístas o una combinación de ambos— actúan como verdaderos antagonistas y maestros del engaño, fomentando la incredulidad y la confusión en materia de salud pública, a veces con consecuencias fatales.
 
Mi participación —junto con un doctor y un biólogo— en un programa de radio en el cual se discutía si el miedo que sienten los animales antes de morir en el matadero afectaba a quienes consumen su carne, me permitió comprobar hasta qué punto el mito de la supuesta necesidad de proteína animal sigue aún patente en la mente de muchos supuestos profesionales de la salud, que no sólo cuestionan el hecho de poder vivir sin productos de origen animal, sino que ponen también en tela de juicio nuestra palabra y nuestra propia existencia.
 
Paradójicamente, nuestros alimentos están siendo manipulados y modificados genéticamente por supuestos expertos que desconocen los principios básicos de una alimentación correcta y necesitan, por lo tanto, aprender a valorar los alimentos no modificados más aptos para el consumo humano, además de modificar sus ideas y su dieta.
 
Por otro lado, la manipulación y clonación de seres vivos —basada en la negación y la falta de respeto de los derechos de las víctimas— se realiza sin cuestionar la validez ni los peligros de tales experimentos y sin tener en cuenta las características individuales ni la identidad propia que distingue a todos los animales como seres sensibles e irrepetibles; de otro modo, los vivisectores que destruyen la integridad física y psíquica de cualquier individuo carecerían de cualquier justificación y del respaldo social necesario para atentar contra la vida.
 
Un verdadero deseo de establecer una relación sana y ética con nuestros alimentos, y el espacio físico y social común, sería en sí un cambio importante que nos evitaría caer en el engaño y la apatía, permitiéndonos superar las graves injusticias y los conflictos sociales que amenazan seriamente el medioambiente y la salud de todo el planeta.
 

— Francisco Martín
Presidente de AVE/
Secretario General de IVU
 


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