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La Columna del Filósofo Vegetariano
La Ideología de la Nutrición Ideal

Sobre la Relatividad de las Reglas Dietéticas Generales
por Dr Claude Pasquini
IVU News - 2001/1
Los requisitos nutricionales de una joven embarazada en el Trópico africano no pueden ser los mismos que los de un minero en Siberia...

No existe la enfermedad. Sólo existen personas enfermas, que deben ser tratadas como personas completas y de acuerdo con su constitución, su edad, su sensibilidad emocional y su estado mental particulares. Puesto que la dieta en verdad a menudo contribuye directa o indirectamente a los cambios a peor en una persona, también debe ser la clave para recuperar o mantenerse en el estado de bienestar mental, emocional, físico y social que llamamos salud.

Sin embargo, la moderna tecno-medicina todavía no ha centrado su atención sobre la relación entre la salud y los alimentos que comemos. Existe todavía poco interés en desarrollar una medicina preventiva basada en los principios nutricionales y los mecanismos subyacentes de las personas que enferman.

Existen, por supuesto, muchos libros sobre dietas aclamando una aproximación nutricional en el tratamiento y prevención de la enfermedad. Por muy científicas, justificadas, importantes y bienintencionadas que puedan ser, las recomendaciones y restricciones nutricionales generalmente se ocupan de requerimientos mínimos, deficiencias, combinaciones ideales de grasas, carbohidratos, proteínas, minerales y vitaminas, y los componentes dietéticos potencialmente perjudiciales o protectores. En otras palabras, la ciencia nutricional se ocupa básicamente de las reglas dietéticas que son aplicables en general a la especie humana pero no necesariamente aplicables específicamente a cada individuo humano. Esto parece evidente. Porque, cómo podría la ciencia nutricional tomar en consideración equitativamente las necesidades dietéticas de, digamos, 7.000 millones de individuos sin saber nada sobre sus particularidades existenciales en relación con la comida? Sería en verdad difícil por no decir imposible tomar en consideración sus hábitos condicionados cultural, ambiental e históricamente, y los productos alimentarios a los que tienen acceso o no.

Mientras que comer mucha fruta puede ser saludable para nosotros, puede ser extremadamente peligroso para las personas que sufren de diabetes tipo 1. Muchas culturas aprovechan la leche como alimento básico mientras miles de individuos en otras partes del mundo padecen alergia a ella. Los libros dietéticos occidentales recomiendan verduras, frutas o cereales que ni siquiera crecen en los países orientales. Los requisitos nutricionales de una joven embarazada en el Trópico africano no pueden ser los mismos que los de un minero en Siberia que trabaja por la noche y tiene que afrontar temperaturas de 30 grados centígrados bajo cero. La tolerancia y flexibilidad nutricional de un estresado banquero de New York adicto a la vida urbana será distinta de la de un monje tibetano que se pasa la mitad de la vida ayunando en las montañas del Himalaya. La dieta de un atleta de élite preparándose para las Olimpiadas difiere de la dieta de un bebé vegano. Los buenos dietistas saben que sus reglas dietéticas generales son una orientación básica y que deben ser individualizadas, es decir, adaptadas a las contingencias ambientales, culturales y personales que dan forma a las necesidades y deseos de cada individuo.

En realidad, no existe la dieta ideal, simplemente porque no existe una persona ideal, un cuerpo ideal, una forma ideal de sentir, pensar o comportarse, una forma de vida ideal, una forma ideal de sentirse sano. Los ideales no poseen una esencia material. Sólo pretenden ser directrices, ideas nobles para ser llevadas a la realidad por individuos cuyas vidas reales, no lo olvidemos, están condicionadas por muchas incógnitas. En el contingente mundo de la dieta y la salud no hay lugar por tanto para los ideales absolutistas, y más por cuanto que los conocimientos dietéticos están todavía en pañales. Defender y enseñar un ideal absolutista sin matices es crear una ideología. Vivir para una ideología es practicar la idolatría.

Incluso la seria ciencia nutricional puede deslizarse hacia un idealismo que se olvida de que las generalidades científicas son generalmente ciertas pero no necesariamente aplicables específicamente o incluso deseables específicamente. Un idealismo científico dietético riguroso puede llegar a ser tan doctrinario como ciertas filosofías, religiones o modas nutricionales no científicas o alternativas. Todo idealismo dietético doctrinario, basado en la ciencia, filosofía o religión, carece de auto-crítica y de esa saludable dosis de escepticismo característico de la inteligencia. Es exclusivo, egocéntrico, intolerante y por tanto potencialmente perjudicial para la ciencia, la filosofía y la religión; perjudicial para la nutrición como noble campo de conocimiento, y perjudicial para nuestra dignidad. Es, en resumen, un riesgo para la salud.

No hay ninguna necesidad de un monocultivo nutricional sino de una variedad dietética. Es la sal de la vida.


Claude Pasquini es el Coordinador de Enlace de IVU para Europa y miembro del Consejo de IVU


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