Unión Vegetariana Internacional (IVU)
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El consumidor vegetariano ético

(una revisión de los hábitos de consumo negativos)
IVU News - Issue 3 - 1998 - English

Un historial de injusticia y explotación

Durante siglos todos los seres vivos padecieron conjuntamente los avatares de la vida y las condiciones de esclavitud, servidumbre y explotación impuestas por sus amos y dueños. Con la evolución del pensamiento la sociedad asumió el concepto de “derechos humanos” como la adquisición de unos derechos divinos que propiciaron el inicio de una revolución social que trajo consigo el distanciamiento progresivo entre los seres humanos, los animales y su entorno común, sellándose una alianza nefasta entre las capas socialmente dominantes y las clases menos privilegiadas que ha logrado afianzar y generalizar la explotación despiadada y desenfrenada de otras especies y el medio vital que les sustenta.

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Comer con conciencia permite disfrutar de la vida y dejar a otros vivir (Foto VegSocUK)
La atracción del dinero: una relación incestuosa con la vida

La revolución industrial abrió el camino a una sociedad de consumo que prometía satisfacer de modo instantáneo los deseos más frívolos y la recompensa de bienes materiales sin contar a menudo en absoluto el coste social, humanitario y medioambiental de nuestros hábitos de consumo. Una mayor autonomía y una mejor situación económica han permitido el desarrollo de una mentalidad adquisitiva guiada por intereses partidistas egoístas y personales que nos incitan a actuar como agentes voluntarios al servicio del status quo económico, dependiente, como la vida misma, de unos intereses puramente mercantilistas y unas reglas determinadas por la avaricia y los prejuicios humanos.

Con la complicidad y colaboración de los profesionales y consejeros de economía, medicina y nutrición: doctores, gurus, políticos y religiosos garantes del orden social, se logra convencer a los consumidores ingenuos y excépticos a abandonar cualquier reticencia a doblegarse ante el status quo establecido. Quienes cuestionan el afán de lucro anteponiendo sus criterios éticos y humanitarios son tratados como verdaderos parias por una sociedad que pone precio a cualquier deseo o capricho humano, incluso a costa de la vida y el terrible sufrimiento de unos seres tan sensibles como nosotros.

Los animales como herramientas y piezas de recambio

La domesticación de los animales —considerada como uno de los mayores logros de la humanidad— ha conducido a una degradante, vergonzosa y peligrosa manipulación y clonación de los animales para patentar y comercializar sus vidas. Un rinoceronte, un elefante, un tigre, un pollo, una vaca, un cerdo o un pez son seres sensibles con un valor económico asignado que les priva de libertad para evolucionar como individuos, viéndose sometidos a todo tipo de vejaciones y malos tratos antes de perder la vida insensatamente por unos trozos de carne o algún trofeo o “souvenir” obtenido de sus despojos para satisfacer la demanda de unos consumidores insensibles, tan incapaces de definir sus verdaderas necesidades como de solidarizarse con esos seres que vivieron, respiraron y debieron compartir un planeta que no nos pertenece.

La ignorancia egoísta que nos impide dar a los animales la consideración y el respeto debidos demuestra unas limitaciones éticas y un sentido distorsionado de la estética que nos descalifica como consumidores responsables y como seres humanos. Pretender resolver los problemas de paro o el hambre mundial a través de la violencia racista o mediante reproducción masiva de animales es tan monstruoso como descabellado. Defender el derecho a llevar armas y apoyar la pena de muerte, o defender el supuesto derecho a cazar o pescar, son ejemplos que manifiestan una falta evidente de sentido común y de solidaridad, tan escandalosamente irracionales y anacrónicos como una “corrida de beneficencia”, cuya recaudación se dedica supuestamente a socorrer enfermos y necesitados.

Una ideología demencial y peligrosa

Tales actitudes ignorantes y discriminatorias —basadas en una ideología de supremacía superada que aplica diferentes valores a individuos con cualidades comparativamente similares a las de otras especies o grupos étnicos— son una fuente interminable de conflictos y violencia, tanto en periodo de paz como en tiempo de guerra, cuando se prescinde finalmente de cualquier tipo de restricción legal para proteger y resaltar la superioridad de unos humanos sobre otros y cualquiera puede resultar legal e indiscriminadamente mutilado o muerto por unas armas que supuestamente sirven para defendernos de nosotros mismos.

El equilibrio a través del comercio justo: una perspectiva vegetariana

La llegada del comercio justo y la creciente preocupación por las minorias étnicas, los grupos nativos y el medioambiente es un paso significativo que nos permite racionalizar nuestra dependencia y afinidad común con los demás y el medio natural. Sin embargo, para actuar responsable y humanamente debemos aprender a respetar y valorar la vida en general como un fenómeno único y maravilloso, e identificar y rechazar los productos alimenticios que impliquen crueldad y violencia a cualquier ser vivo.

Una aportación significativa del vegetarianismo es la oportunidad que nos ofrece de redefinir nuestras relaciones y hábitos de consumo, así como nuestras necesidades físicas y espirituales, despertando en nosotros una empatía natural por la vida al descubrir nuestra afinidad por los alimentos no violentos idealmente adaptados para nuestro consumo. El amor que damos y recibimos es como el agua que bebemos o el aire que respiramos: al ser nuestro equilibrio emocional tan importante como los elementos naturales que nos alimentan físicamente.

La formación de un consumidor ético: un tema de salud y solidaridad

La vida como la muerte es oportunista y requiere unas condiciones muy específicas para desarrollarse libre de enfermedades. Del mismo modo, la buena salud dependerá de mantener una relación satisfactoria y armoniosa con los demás y todo aquello con lo cual nos podamos identificar.

El mejor modo de expresar nuestra solidaridad y nuestro compromiso más sincero con todos los seres vivos es lograr asumir un estilo de vida responsable. La única forma de frenar el horror insensato y la destrucción masiva de infinidad de millones de seres sensibles es lograr el cese de su explotación y consumo.

Para merecer la solidaridad y el respeto social es esencial asumir una mayor responsabilidad personal y estar mejor informados sobre el impacto positivo o perjudicial de nuestros hábitos de consumo a nivel animal, humano, y medioambiental. Sólo así podremos definir como verdadera nuestra afinidad natural por los alimentos y satisfacer nuestras auténticas necesidades utilizando solamente productos o artículos obtenidos y testados éticamente que sean respetuosos con la vida y el medioambiente.

--- Francisco Martín


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