Unión Vegetariana Internacional (IVU)
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pollos entre rejas

Del Secretario...
Una llamada de solidaridad hacia todos los seres vivos
IVU News - Num. 3 - 1998 - English

Convertirse en vegetariano es muy probablemente la decisión más importante y de mayor repercusión que cualquiera de nosotros pueda llegar a tomar jamás. Independientemente de lo intensa que sea la motivación inicial, sin embargo, un temor injustificado a ser distinto de los demás o quedar marginado social y emocionalmente requiere un apoyo moral y una motivación como los que la IVU, por su misma existencia, puede proporcionar a individuos y organizaciones de todo el mundo.

En un mundo cada vez más dominado por creencias irracionales y supersticiosas e ideas basadas en un concepto distorsionado de humanidad y una mezcla de tradición e intransigencia fundamentalista en el terreno político, religioso o personal, resulta fácil cuestionar las posibilidades de éxito de un audaz y todavía pionero movimiento vegetariano comprometido en una revolucionaria redefinición de las prioridades humanas y la forma de satisfacer nuestras necesidades físicas, espirituales y sociales.

Para descubrir lo que somos realmente y asumir el papel nopredador en el extremo inferior de la cadena trófica que la naturaleza pretendió para nosotros, es necesario actuar activamente en la lucha vital por reivindicar los derechos de nuestros prójimos seres sensibles y garantizar su liberación del horror de las inmundas prisiones - una burla de los niveles de higiene y limpieza exigidos ostensiblemente en la industria alimentaria - en las cuales languidecen con miedo, apilados unos sobre otros, hasta que paguen el precio final de la insensibilidad humana y se asfixien o sientan el cortante filo (o más a menudo poco afilado) de los anónimos verdugos mercenarios encargados de la desagradable tarea de convertir la vida en carne destinada a satisfacer un insano deseo humano que deshonra nuestro espíritu y nuestro cuerpo, mientras reñimos y nos matamos unos a otros en interminables conlictos sobre asuntos insignificantes, incapaces de resolver los problemas a los que nos enfrentamos sin un conjunto válido de reglas éticas que nos guíen y nos protejan de nosotros mismos.

El fracaso histórico en comprender el verdadero significado y valor de otros organismos vivos - inextricablemente unido a nuestros propios bioritmos y supervivencia - ha conducido inevitablemente a los humanos a considerar a la vida en general como una fuente inagotable de carne, artículos comerciales o material genético con el que jugar o clonar en los ratos libres y por dinero.

La compra, venta y matanza de animales se percibe como una afirmación del dominio y control humano más que como un fracaso en la comunicación con otras formas de vida altamente evolucionadas. Todo aquel con el que los humanos no pueden relacionarse o comprender, lo intentan consumir y digerir para parecerse más a ellos, convirtiendo así en un desafío formidable para los demás el observar los preciados 'bocados apetitosos' como los restos despedazados de unas víctimas cuya vida y muerte dependen de la frívola extravagancia de los gourmets humanos.

El consumismo nos encadena como consumidores cautivos a una sociedad cada vez menos satisfecha con la definición del placer en términos de posesión y disfrute de un objeto o producto que todo el mundo posee. Sin embargo, tal comportamiento debe ser psicológicamente alentador como una simbólica celebración de la victoria sobre la pobreza, permitiéndonos participar de las codiciadas cosas buenas de la vida.

La aparentemente utópica visión de un planeta en el que los mataderos y las terribles enfermedades nutricionales sean desterradas para siempre al cubo de la basura de nuestra historia más oscura - poniendo fin a la incestuosa fascinación culinaria humana por la muerte y liberando a la vida para evolucionar y manifestar su exuberante diversidad libre de manipulación artificial o control regulador - puede parecer una promesa difícil de cumplir, pero las únicas opciones claras para el tercer milenio son estas: desastre ecológico derivado de la convulsión social como resultado del hambre, o un futuro sostenible y harmonioso en el que los deseos y las necesidades humanas puedan ser satisfechas sin la imprudente destrucción de la vida.

Nuestro papel activo como propagandistas sociales - trabajando por una transformación radical del modo en que está concebida y organizada la sociedad actualmente - debe ser el de enfatizar y condenar las miríadas de inconsistencias, defectos y excesos del consumismo y aportar respuestas y soluciones basadas en una inquebrantable ética de respeto hacia todos los seres vivos.

La garantía de un futuro viable para todos está basada en que el firme compromiso con la justicia universal para todos los seres se convierta en nuestra agenda común y principal motivación directriz. Crezcámonos ante los serios desafíos que tenemos ante nosotros y unámonos a la IVU como miembros activos y voluntarios exigiendo la adopción urgente de soluciones éticas a los graves problemas sociales y medioambientales que existen en todo el mundo.

- Francisco Martín, Secretario General Honorífico de IVU.


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