Unión Vegetariana Internacional (IVU)
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Comiendo a Nuestra Manera
por Francisco Martín
English - de IVU Newsletter, Febrero/Marzo 1996 - Italiano

Es el sumario de la ponencia presentada durante el Congreso Vegetariano Europeo en Bratislava, Eslovaquia en Julio de 1995.

Habitualmente cuando hablamos de alimentación tenemos un concepto muy limitado de lo que son los alimentos y de nuestra relación con ellos, lo cual también condiciona nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar. Si fuéramos plenamente conscientes, por ejemplo, de la crueldad que hay implícita en la obtención y producción de los alimentos, muchos seríamos incapaces de morder ese trozo de carne de un animal que previamente ha sido maltratado y descuartizado, y lo que para muchos es todavía placentero puede dejar de serlo para quienes toman consciencia de la realidad. Todo lo que consumimos va moldeando nuestra identidad y nuestras creencias, y condiciona nuestro modo de ser al llegar a formar parte de nosotros. El comer productos que impliquen crueldad o adoptar una dieta no violenta determina, por lo tanto, de un modo u otro nuestra personalidad y nuestras acciones.

Del mismo modo debemos también redefinir y ampliar el concepto que tenemos de los alimentos y la función que ejercen en nuestra vida. Si admitimos que no podemos vivir aislados de los demás ni del medio ambiente en el que existimos, entonces, en un sentido integral, un alimento no es sólo aquello que digiere nuestro estómago, sino todo lo que ejerce una influencia sobre nosotros y nos aporta una identidad y un estado anímico particular en relación con lo que nos rodea; es todo aquello que asimilamos a través de la vista, el oído, la piel y todos nuestros sentidos. Pero si somos lo que comemos, también somos del modo que comemos: estar bien alimentados en un sentido físico, psíquico y espiritual, requiere una afinidad hacia todo lo que seamos capaces de asimilar, y hacerlo del modo más correcto posible.

La violencia que hace sufrir a los animales y los seres humanos es el resultado de un comportamiento condicionado por una asimilación incorrecta de ideas y alimentos. A todos nos resulta difícil comprender ¿por qué el ser humano actúa como lo hace, destruyendo vidas y parajes maravillosos? ¿Por qué las guerras parecen inevitables, cuando nuestro deseo sería poder vivir y disfrutar la paz? ¿Por qué existen las dictaduras y se desarrollan las actitudes racistas y supremacistas? La respuesta a todas estas cuestiones se encuentra en nuestras propias actitudes; si verdaderamente creemos que somos más importantes que los demás animales, también, bajo ciertas circunstancias, podríamos llegar a pensar que nuestros intereses son superiores a los de otros grupos étnicos u otras tribus, legitimando de este modo las limpiezas étnicas y la destrucción del "enemigo". Tampoco debemos olvidar que todas las guerras, en las que mueren tanto los animales como los seres humanos, las organizan personas que creen que los seres humanos son más importantes que los demás animales. Cuando nos alienamos de todo cuanto nos rodea y nos vemos como partes aisladas se rompe la armonía de la salud: física, psíquica y espiritual, y la interrelación necesaria con todo aquello que nos hace ser completos, quedándonos sólo la búsqueda de nuestras propias satisfacciones egoístas como meta, sin importarnos el bienestar de los demás; por esta razón, todos los dictadores suelen ser despiadados.

Debemos procurar ser abiertos y rechazar las posturas inflexibles y críticas. Romper el diálogo con quienes aún no han modificado su conducta es lo mismo que rechazar la evolución de la vida. Creer que la verdad universal nos pertenece influye negativamente sobre nuestras actitudes y hace que nuestras relaciones con los demás sufran las consecuencias. Cuanto más aprendamos de nosotros mismos y de todo cuanto nos rodea, y sencillas sean nuestras relaciones sociales, mayor será la armonía y el progreso que disfrutaremos.

Cada individuo es una mezcla compleja de necesidades físicas y espirituales, y si no alimentamos nuestro cuerpo y nuestra mente de un modo integral no podremos disfrutar de un estado óptimo de salud, por eso no es fácil afirmar que un individuo que coma alimentos naturales este necesariamente más sano que alguien que también consuma alimentos preparados y cocinados; sin embargo, la propiedad esencial de los productos naturales crudos radica en su simplicidad, como alimentos integrales sanos, fáciles y agradables de consumir, debiendo considerarse al menos como alimentos completos y no complementarios, que además, tienen la ventaja de liberarnos de la cocina.

Cuanto menos desvitalizados estén nuestros alimentos más se beneficiará nuestra salud. Porque del mismo modo que el consumo de carne puede modificar nuestras actitudes y hacernos caer en el fatal error de creer que somos animales depredadores o cazadores - el consumo de productos obtenidos con crueldad puede hacernos violentos y egoístas -, el basar nuestra alimentación en el consumo de productos artificiales también puede distanciarnos de la vida natural, porque en vez de identificar nuestros alimentos con el campo, como hacen otros animales, podemos relacionarlos con la fábrica que los produce. Además, si nos inclinamos por los alimentos sencillos y naturales, obtenidos sin manipulación ni violencia, y aceptamos que no tenemos ningún derecho a explotar o hacer daño a otros seres - animales o humanos -, lograremos una convivencia más pacífica y respetuosa con los demás y aprenderemos a valorar el planeta en el que vivimos y a proteger a aquellos que lo comparten con nosotros.

Si deseamos construir un mundo mejor debemos actuar positivamente para lograrlo. La historia nos ha enseñado que el progreso de la humanidad siempre ha sido lento, compuesto de pequeños avances en grandes espacios de tiempo, produciéndose muy pocos cambios en los mitos existentes de una generación a la otra. Si pudiéramos vencer esos mitos - actitudes o conceptos equivocados que habitualmente aceptamos sin cuestión - asumidos de nuestros padres, o simplemente por el hecho de formar parte de la sociedad en la que vivimos, el progreso de la humanidad sería mucho más rápido. Por ejemplo, sabemos que los Estados Unidos tardaron en aceptar la nueva tabla de los cuatro grupos alimenticios básicos, compuesta por fruta, verduras, cereales integrales y legumbres, para reemplazar la vieja mitología basada en el consumo de carne y de leche. Por otra parte, a pesar de que el vegetarianismo encuentre cada día una mayor aceptación en el mundo occidental, la idea de que no tenemos derecho a comernos a nuestros semejantes es un concepto cuya aceptación por parte de la sociedad en general aún está pendiente.

Para intentar cambiar el mundo debemos tener una visión clara de lo que somos y de lo que deseamos conseguir. Necesitamos dedicar más tiempo a compenetrarnos con nuestro mundo que a ponderar la relación que Dios tiene con nosotros, porque sólo cuando sepamos quiénes somos realmente y cómo deberíamos actuar, podrá Dios comunicarse verdaderamente con nosotros. Cuando comprendemos que no existe ninguna justificación para asumir los mitos que sólo una sociedad depredadora es incapaz de cuestionar - por ejemplo, que por el mero hecho de ser español se deban tolerar o apoyar las sangrientas corridas de toros -, nos hacemos conscientes de que el dolor, la crueldad y la injusticia sólo existen porque no nos interesan o afectan lo suficiente para identificar y erradicar su existencia.

Todas nuestras relaciones con los demás y el medio ambiente vienen determinadas por las afinidades que tenemos o creemos tener hacia todo lo que forma parte de nuestras vidas, pero sólo quienes no se rinden ante el fuerte condicionamiento que empezamos a experimentar desde la infancia, mantienen una postura respetuosa, compasiva y ética hacia los demás seres del planeta. Sin embargo, si logramos reeducar nuestros sentidos - nuestro sentido moral y nuestro sentido del gusto - podremos alcanzar la claridad mental y la sencillez que necesitamos para distinguir entre el bien y el mal y actuar positivamente para construir un mundo mejor.

Versión española procedente del Boletín nš.2 de la Asociación Vegana Española "Veganismo"


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