Unión Vegetariana Internacional (IVU)
IVU logo
La Experimentación Animal:
Un Rito Psicológico

por Roger E. Ulrich
de Animal Rights Resource Site


Tomado de Animals' Agenda, Mayo 1991

La conjetura fundamental de las ciencias conductuales es que el estudio de los animales no humanos puede proporcionar resultados con un beneficio final para los humanos. Desde los experimentos de condicionamiento de Ivan Pavlov con perros hasta hoy día, los investigadores generalmente han asumido la postura articulada por BF Skinner en 1953:

    Estudiamos la conducta de los animales (no humanos) porque es más simple. Los procesos básicos se revelan más fácilmente y se pueden llevar registros por periodos de tiempo más largos. Nuestras observaciones no se complican con relaciones sociales entre el sujeto y el experimentador. Se puede tener un mayor control sobre las condiciones. Podemos manejar las historias genéticas para controlar ciertas variables e historias de vida especial para controlar otras - por ejemplo, si estamos interesados en como un organismo aprende a ver, podemos criar un animal en la obscuridad hasta que empiece el experimento. También podemos controlar las circunstancias actuales a un grado tal que no fuera muy posible en el comportamiento humano -- por ejemplo, podemos variar los estados de depravación con grados más amplios. Estas son las ventajas que no debemos desechar a priori con el argumento de que la conducta humana inevitablemente está en un campo separado.

Tales conjeturas sustentan el uso de animales en los estudios conductistas por lo que ha evolucionado en una tecnología puesta en práctica con el propósito principal de probarlas.

Situaciones Reales

Una suposición que entra en conflicto con lo anterior, es hábilmente articulada por Skinner en la novela Walden Two, donde al final lo que queda no es el experimento sino una situación real:

    "Algunos sentimos que eventualmente podremos encontrar la respuesta en la enseñanza y en la investigación," dice el Profesor Burris.

    "Enseñando, no. Está bien alborotar a la gente, interesarlos. Eso es mejor que nada. Pero a la larga sólo se está pasando la pelotita - si sabe a lo que me refiero, maestro." Rogers, su ex estudiante, hizo una pausa apenado.

    "Por Dios, no te disculpes," replicó el Profesor Burris. "No me puedes lastimar con eso, ese no es mi tendón de Aquiles." "Lo que trato de decir, maestro, es que uno mismo debe hacer el trabajo si quiere que el trabajo se haga, no sólo alborotar a alguien para que lo haga. Tal vez en su investigación se acerca a la respuesta. Yo no podría saberlo."

    "Me temo que la respuesta esta todavía un poco alejada," titubeó Burris. "Eso es a lo que me refiero, maestro. Es un trabajo para la investigación, pero no del tipo que se puede hacer en una universidad, o en un laboratorio. Me refiero a que debemos experimentarlo y experimentarlo en nuestras propias vidas, no sólo sentarnos en una torre de marfil en algún lugar - como si nuestra propia vida nada tuviera que ver con ello." Rogers dejó de hablar.

    "Tal vez ese sea mi tendón de Aquiles," dijo Burris.

El artificial laboratorio experimental básico que ha evolucionado del trabajo de Pavlov y la aplicación del conocimiento de la vida real se encuentran en un conflicto fundamental, un conflicto cada vez más evidente por el fracaso de las ciencias de la conducta para responder efectivamente a los retos que incluyen la alienación urbana, el crimen violento, el maltrato de menores, el abuso de sustancias, la continua proliferación de enfermedades mentales, las mismas de antaño, y lo que muchas veces parece ser un completo colapso de los niveles elementales y secundarios de la infraestructura educacional. Las respuestas que sí han sido efectivas en la mayoría de los casos evolucionaron desde hace tiempo, principalmente en los niveles clínicos, o de escuelas primarias; pero en el nivel académico, donde se gasta la mayor parte del presupuesto federal para la salud mental, se hace un énfasis en las investigaciones - principalmente en la experimentación con animales - y las mentes más brillantes en el campo de la conducta continuamente centran su trabajo en la investigación, lejos de la prevención y la cura.

En Junio de 1961 terminé mi tesis doctoral titulada "Peleas Reflexivas en Respuesta a Estímulos que Causan Aversión." El estudio, que incluía el darle choques eléctricos a ratas, demostró que las peleas estereotipadas ocurrían entre animales pares como una reacción de tipo reflejo al dolor antes de cualquier condicionamiento específico. Después fue publicado en la Revista del Análisis Experimental de la Conducta.

Estaba a punto de obtener el Doctorado en Psicología Clínica/Consultoría de la Universidad de Illinois del Sur, que en ese momento intentaba obtener el reconocimiento de la Asociación Americana de Psicología por desarrollar clínicos calificados como científicos. Detrás de ese esfuerzo estaba el complejo de inferioridad que sienten muchos psicólogos clínicos frente a la Asociación Médica Americana y sus psiquiatras. El comité de disertación sólo aceptaba las investigaciones que producían datos cuantificables, sus conjeturas sobre la conducta básica no les permitía contemplar tales variables como las emociones, sentimientos, disgustos, etc. ni cuestionamientos empezando con el por qué estabamos administrándoles choques a las ratas en primer lugar.

Al mismo tiempo que estaba llevando a cabo varios proyectos de experimentación con animales, estaba haciendo unos estudios con pacientes mentales. Aquellos que mantenían una visión radical del conductismo veían mi investigación con los pacientes como algo demasiado complejo como para permitir "datos precisos".

En último análisis, la atracción científica que tenía para mí la investigación con animales, tenía poco que ver con la relación demostrable entre las investigaciones encontradas y el objetivo de "ayudar a humanos". En retrospectiva, yo diría que la atracción principal en trabajar con animales era, como proclamaba Skinner, " que podíamos controlar las circunstancias actuales a un grado tal que no fuera muy posible en la conducta humana". De cualquier manera, después de obtener el Doctorado me uní a la armada de investigadores que experimentan con animales que sostienen que se deben llevar a cabo más experimentos.

Los experimentos sobre la agresión en los laboratorios son un ejemplo perfecto de la investigación básica, en donde la secuencia de los eventos llevan de una experimento animal al siguiente, cada proyecto siguiendo el precedente como consecuencia directa, y cada uno tan esencialmente irrelevante para resolver los problemas reales humanos como el anterior. El hecho de que yo muchas veces me haya sentado tras puertas cerradas con numerosos colegas que coinciden con este análisis es de poca consecuencia para los animales aún confinados en jaulas de laboratorios alrededor del mundo, porque los verdaderos sentimientos de los profesionales permanecen inexpresados.

Detrás de la puerta cerrada

Sin embargo, vamos a ver más allá de las puertas cerradas, algunos datos adicionales sobre la situación artificial de las investigaciones.

En 1948, se publicó un estudio de Neal E. Miller bajo el título, "Teoría y Experimento relacionado con el Desplazamiento Psicoanalítico de la Generalización del Estímulo - Respuesta". Este es un informe de cómo Miller y sus asistentes entrenaban a las ratas a pelear retirando el estímulo de choques eléctricos cada vez que el animal se aproximaba a la posición de ataque. Creían que las peleas eran una reacción de escape, reforzada por la eliminación del choque. En ese tiempo, nuestro laboratorio en el Hospital del Estado de Anna, estaba muy involucrado en la investigación sobre el escape y la evasión, y estaba especialmente interesado en el área del castigo. Un intento por duplicar los procedimientos de Miller, sin embargo, demostraron que la conducta de pelea podía ser provocada en las ratas sin entrenamiento alguno. Aquí, ahora, tenemos un ejemplo perfecto que nos demuestra que no sólo la interpretación de los resultados de Miller eran incorrectos, sino también que el obstinado análisis lo hacían personas que se dedican a utilizar únicamente los datos observables...

Y así fue que un experimento trivial (aunque no para las ratas), hecho por un conocido apologista de la experimentación con animales, quien había interpretado equivocadamente los resultados de su experimento, nos llevó a continuar con los choques con aún más animales.

Nosotros, claro, nos fuimos a la literatura y descubrimos tristemente que lo que habíamos encontrado lo habían encontrado antes O'Kelly y Steckle en 1939. Titularon su trabajo "Una larga y sufrida respuesta emocional en la rata..." que lo era sin duda, y que continúa siendo hasta este día, mientras las ratas sigan siendo electrocutadas para demostrar el fenómeno de dolor-agresión. Cuando le conté a mi madre Menonita lo que habiamos encontrado en mi investigación, ella me dijo, "Ya lo sabíamos. Papa siempre nos dijo que nos alejáramos de los animales heridos en la granja porque nos pueden hacer daño". Sin embargo, entré en un período de 10 años de análisis dedicado a descubrir las causas de la agresión, esperando que esto nos llevara a un mejor entendimiento de como controlar la agresión humana.

Controlando la Agresión

En 1973, finalmente llegué a la conclusión de que si el control de la agresión humana era nuestro objetivo, estabamos buscando en el lugar equivocado. Aún no estaba de ninguna manera iluminado en esa área como para ofrecer consejos significativos a personas que me cuestionaban acerca de la agresión. De hecho, mi propio enojo era incontrolable muchas veces, aún después de los descubrimientos y conocimiento del laboratorio. Por lo tanto, una primavera, en respuesta a la pregunta del Presidente de mi departamento, "¿Qué es lo más innovador que has hecho profesionalmente en este último año?" yo contesté, "Querido Dave, finalmente deje de torturar animales".

Para 1972 ya había dejado de practicar experimentos tradicionales con animales, después de haber comprobado una y otra vez de innumerables formas lo que mi abuelo había enseñado a sus hijos: cuando los animales están lesionados, lo más probable es que actúen agresivamente. Sin darme totalmente cuenta en ese momento, me estaba divorciando de la vasta armada de científicos conductistas que diariamente ilustran como la investigación con animales se ha convertido para ellos en una actividad autoafirmativa.

Durante diez años había estado escribiendo sobre el tema de la agresión; había hecho la investigación; viajando alrededor de Europa, Asia, Centro y Sudamérica, y los EE.UU. para hablar sobre el tema; hice películas sobre eso; privadas y públicas, que pudieran traer aún la más remota esperanza de recaudar dinero para mi investigación. Ayudé a diseñar nuevas estrategias y nuevo equipo para poder dar choques a cualquier cosa que se moviera, e inclusive observé a niños a quienes convencí de darles choques a unas ratas para "observar lo que pasaba." Cada vez más supuestos nuevos descubrimientos sumaban volumenes y volumenes de literatura, impresiones de los cuales estaba recolectando para un libro que ahora pesa cerca de 50 lbs. Eran estudios que llevaban a nuevos estudios, todos involucrando un sin número de animales, cuyos descubrimientos resultaban esencialmente irrelevantes para las personas ya que en ningún momento se estudian los animales bajo condiciones que igualen las condiciones humanas existentes, pero que sin embargo es donde se trasponen teóricamente las generalizaciones. Estas permutaciones sobre permutaciones llevadas acabo en el mundo científico de los laboratorios con diferentes especies bajo un sinnúmero de condiciones de investigación diferentes son casi infinitas.

El laboratorio de la vida real

Los Skinerianos, tal vez más que cualquier otro grupo de científicos, han convocado la generalización de los descubrimientos por medio de experimentos con animales como un medio para lograr un mejor mañana. Se empeñan en afirmar que el análisis experimental sobre la conducta de los animales nos ha permitido rediseñar la cultura humana para aumentar nuestra oportunidad de sobrevivir. Pero para mí, como también para el héroe de Skinner en Walden Two, la fe en la habilidad de los experimentos con animales para garantizar la continuidad de la humanidad en la tierra no es nada menos que pura superstición. De hecho, nos enfrentamos a una situación en donde los más de 100 años de experimentación con animales pudieron haber atrasado más a nuestra cultura en su búsqueda por la sabiduría que cuando se empezó con las investigaciones.

En su libro Naturaleza, Hombre, Mujer, Alan Watts resume:

    Basados en la presunción de que hemos actuado prudentemente, y que seguimos aquí y que seguiremos estando, la raza humana había sobrevivido, y parecía que probablemente seguiría sobreviviendo, durante quizá más de un millón de años hasta la llegada de la tecnología moderna. Debemos, con esa premisa, presumir que ha actuado prudentemente hasta entonces. Podemos argüir que su vida no era muy grata, pero es difícil saber lo que eso quiere decir. La raza hallaba ciertamente grato seguir sobreviviendo, pues lo hizo.

    Por otro lado, tras apenas dos siglos de tecnología industrial, las perspectivas de la supervivencia humana están siendo puestas seriamente en duda. No es improbable que podamos propagarnos, consumirnos y posiblemente hacer estallar el planeta.

    Como es tradición en la ciencia, ahora voy a pedir más investigaciones. Pero esta es la pregunta que debemos explorar: ¿Puede la sociedad humana seguir asumiendo que el nivel actual de investigación con animales y sacrificio merece nuestro continuo apoyo?

Mi conclusion es que no. Las atrocidades que persistimos en perpetuar dentro de nuestros laboratorios, donde los científicos son pagados para llevar a cabo rituales dolorosos en otras formas de vida basadas en una fe ciega en que el sufrimiento humano puede desaparecer, debe cuestionarse y dejar de hacerse. No se está reduciendo el sufrimiento que tan frecuentemente sentimos y vemos alrededor de nosotros en el laboratorio de la vida real.

Nuestra adicción científica a la experimentación con animales debe ser abandonada y reemplazada por la observación del fenómeno natural. Lo que dijo VF Skinner en su novela Walden Two sobre "nuestra necesidad de experimentar con nuestras propias vidas y no sólo sentarse en una torre de marfil en algún lugar - como si nuestra propia vida nada tuviera que ver con ello", excede en importancia a cualquier otro punto que alguna vez haya hecho. Si Skinner debe ser recordado como una voz importante en la historia de la ciencia, deberá ser por su llamado a restablecer la conexión de la investigación con aquello que es realmente relevante.