Unión Vegetariana Internacional (IVU)
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Una familia vegana
de Schweizerische Vereinigung für Vegetarismus (SVV)

Con frecuencia se oye decir que no sería posible llevar una alimentación vegana desde el nacimiento. El siguiente artículo sobre una madre vegana con cinco hijos demuestra que las consideraciones puramente teóricas de los detractores del estilo de vida vegano no se corresponden con la realidad. Es más, aumentan los indicios que revelan que el parto de las madres veganas transcurre claramente con menos dificultades que el de otras madres y que los niños son más resistentes a determinadas enfermedades (por ejemplo infecciones). (Red.)


Desde 1969 llevamos una dieta lacto-vegetariana. En 1972 llegó nuestro primer hijo al mundo. Por aquel entonces aún criábamos ovejas, de las que obteníamos leche, aunque tenían crías. Entonces tuve de repente el convencimiento interior de la existencia de una conexión en la naturaleza entre la lactancia de nuestra primera hija y la lactancia de la oveja. A partir de ese momento no pude seguir utilizando productos lácteos, que hasta entonces tanto me habían gustado.

En mí creció el convencimiento de que la obra de Dios no podía ser tan imperfecta como para que los humanos necesitasen comer productos animales para poder vivir. Lo cual nunca es posible del todo sin sufrimiento.

Tenemos cinco hijos, la hija mayor (Elisabeth) ya está casada y tiene dos hijos, a los que también alimenta de forma casi exclusivamente vegana. Ambos partos sorprendieron a las comadronas, porque todo transcurrió fácilmente y sin dificultades. Esto resulta muy alentador para una madre vegetariana, que sólo en raras ocasiones, de viaje o en la escuela, debía pasar al lacto-vegetarianismo, que por lo demás ha recibido una alimentación vegana, y sólo cuando tenía un año tomó leche de oveja durante unos meses.

Los siguientes cuatro niños vinieron al mundo en casa. Todos los partos transcurrieron sin problemas, practicados por una comadrona y sin la presencia de un médico.

Todos los niños llevan una alimentación vegana. Hablamos mucho con ellos. Tienen la posibilidad de probar muchas veces otro tipo de comida durante los viajes, las excursiones, en la escuela, etc.

A ninguno le gusta la carne, sin que esto signifique que de alguna manera se la tuviésemos que prohibir. Cuando viajábamos todos juntos, mi marido Jakobus y yo nos encargábamos siempre personalmente de mantener una alimentación vegana.

Nuestros hijos no tomaron productos lácteos en la infancia. En la adolescencia, durante los viajes o excursiones en grupo, resultaba imposible en la mayoría de los casos que no tomasen algún producto lácteo. Pero nunca creímos que fuesen necesarios y sucesos por el estilo son muy poco frecuentes.

Nuestro segundo hijo, Michael, acude a la escuela superior de comercio desde casa. Aprecia el hecho de poder estar todavía en casa y tener aquí comida y vivienda. Ve muy claras las ventajas de nuestra alimentación para su salud y sigue fiel a ella. Incluso cuando debe atender compromisos ocasionales fuera de casa nunca lo hace porque piense que la alimentación vegana sea insuficiente. Y eso es lo importante.

Si es necesario, los niños deben poder probar también el tabaco y el alcohol, sin que por ello deban temer las reacciones de sus padres. Permitir las cosas de forma voluntaria, si no carecen desde un principio de interés, es una decisión propia que debe estar acompañada de buenas y clarificantes conversaciones por parte de los padres. Pero los jóvenes deben decidir siempre por sí mismos lo que para ellos es importante en la vida. Las decisiones tomadas de este modo tienen un valor duradero y les aportan confianza en sí mismos y seguridad.

Nuestro tercer hijo, Emanuel, está actualmente en un internado, cinco días a la semana, en una escuela de agricultura biológica. Antes del ingreso en la escuela le pregunté al director si podría seguir una dieta vegetariana, y me garantizó que sí. De 200 estudiantes, dos son vegetarianos y reciben una alimentación vegetariana. De esta forma puede acudir a una escuela de agricultura biológica y aprender todo lo relacionado con la cría de animales y después decidir por sí mismo si quiere seguir siendo vegano o lacto-vegetariano. De todas formas, ahora es evidente que la vida vegana le es más cercana y que los productos lácteos ya no ejercen ninguna atracción especial sobre él. Sabe que él (o si no alguien en su lugar) debería criar animales para obtener leche, y eso es algo que ahora ya no desea.

Nuestro cuarto hijo, Raphael, tiene 13 años y es el frutariano nato. Por lo tanto, para él es totalmente indiscutible que la alimentación vegetariana (o vegana) pueda estar equivocada. Para él es algo completamente natural. Y tanto es así, que incluso en clase de cocina, que en su escuela es también una asignatura obligatoria para los chicos, prepara su propia comida vegana. Puede llevar todo de casa y entrega la confección de la receta el día anterior. La profesora de cocina sabe que para él es muy importante. Nuestra hija Bernadette Helene, que tiene ahora siete años, toma buen ejemplo de todos sus hermanos. Me resulta sorprendente cómo lo vive y decide todo conscientemente. Incluso sus ocasionales cambios de humor son muy reales para ella. Se esfuerza en superarlos de forma positiva y con tan sólo siete años. Es aplicada y hábil en todo lo que emprende y ya hace planes realistas para su vida de adulta, tal vez inspirada por su tan querida hermana mayor Elisabeth, a la que se parece en muchos aspectos. Nuestro estilo de vida tampoco le plantea ningún problema. En los actos organizados por la escuela en los que hay salchichas, ella lleva salchichas de soja, que en nuestro plan de comidas aparecen con poca frecuencia. La cocinera se las calienta sin objeción alguna.

Cuando digo que los niños se desarrollan en libertad, no quiero decir con esto que puedan hacer y dejar de hacer todo lo que en el momento les venga en gana. Nuestro concepto de vida tiene unos límites determinados. Los límites son necesarios para toda la vida de la creación. Dentro de nuestros límites nos desarrollamos todos muy bien con un estilo de vida vegano.

Las mejores herramientas para la vida son una niñez y adolescencia transcurridas en buena compañía y con conversaciones francas sobre todas las cuestiones vitales que vayan surgiendo.

(Margarete Langerhorst)


Más información sobre partos "veganos":

Incluso comadronas como Ottilia Grubenmann confirman la influencia de la alimentación en el transcurso del parto:

«Para conseguir un buen parto sin complicaciones, se debe cuidar ante todo la alimentación durante el embarazo, es decir, poco o nada de carne, en su lugar mucha más fruta, verdura, ensaladas, así como productos integrales (pan integral) y alimentos no procesados. Además, se debe seguir una alimentación pobre en sal y sobre todo renunciar a la carne de cerdo y a las salchichas. Observando estas reglas he comprobado que el parto transcurre mejor y más rápido.»

Tiene en su haber más de 50 años de experiencia laboral en más de 3000 partos. Consulte su libro: 200 Praxisfälle Band I, Alpstein-Verlag, Weissbad, 2ª edición 1993, Página 609


Más información sobre niños veganos:
PETA: Vegan Children: Healthy and Happy (en inglés)
Erbrechen während der Schwangerschaft schützt Mutter und Kind, Bild der Wissenschaft (en alemán)