Unión Vegetariana Internacional (IVU)
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Ahimsa, derechos de los animales y espiritualidad
por Claudette Vaughan
de Toronto Vegetarian Association (TVA)

El Ahimsa o “compasión dinámica” es un principio de no agresión y no violencia. El comportamiento humano que viola este principio ético es considerado moralmente incorrecto y, desde un punto de vista más tradicional, como karma negativo que se vuelve en contra del causante de la violencia y daño infligidos.

Es posible que su mayor defensor en el siglo XX fuera Mahatma Gandhi, que estuvo profundamente influenciado por la doctrina jainista del Ahimsa; doctrina que más tarde propagara él mismo. El primer padre espiritual jainista vivió durante el período de 599 a 527 a.C. éste ordenó a sus seguidores: “considerad a cada ser vivo como a vosotros mismos y no hiráis a nadie”. Gandhi reconoció este precepto como fundamental para la ética humana, lo que le llevó a adoptar una vida de no violencia. El Ahimsa establece que no tenemos ningún derecho a causar sufrimiento o muerte a ningún ser vivo y asegura que si nuestras vidas se rigieran por el principio de no violencia, se crearía más armonía en el mundo que con cualquier otra disciplina.

A lo largo de la revolución industrial, Occidente no ha hecho sino institucionalizar cada vez más la violencia hacia todos los seres, tanto humanos como no humanos. La explotación agrícola intensiva (granjas industrializadas), en cuanto a seres sensibles se refiere, es probablemente el ejemplo más claro. Durante décadas, se ha llevado a cabo una campaña para abolir la producción intensiva de huevos debido a la crueldad con que se trata a las gallinas enjauladas. Se ha privado a estos animales de necesidades tan básicas como tierra y vegetación, y son expuestos a luz artificial para incitarlos a que pongan más huevos de los que pondrían en condiciones naturales. Bajo estas condiciones, las gallinas se vuelven agresivas por la incrementada necesidad de agua y alimento y por la interrupción de su jerarquía natural. Además, el calor que se acumula en este tipo de industrias agrava la situación. A las gallinas se les corta el pico sin anestesia y los machos no deseados son simplemente eliminados con gas o por asfixia.

Cualquiera que se preocupe por el bienestar de los animales debe a menudo sentirse abrumado por la enorme negatividad que a diario arremete contra su sensibilidad. Es precisamente en estos momentos de desfallecimiento cuando la corrupción, la inhumanidad y el caos evidencian la necesidad de las ideas de Gandhi. éste no consideraba los contratiempos como una razón para abandonar, pues repetía constantemente que sólo se vence a una persona cuando ésta abandona la lucha. Él mismo volvía al ataque una y otra vez con renovado vigor.

El objetivo final es conseguir que el principio del Ahimsa penetre en toda la sociedad. Esto implica no sólo el seguimiento de una dieta vegetariana saludable sino también tratar a los animales con empatía y amabilidad, al reconocer que su capacidad de sentir y sufrir, al fin y al cabo, no difiere de la nuestra. Una de las leyes más básicas de la ecología es que cada ser vivo existe porque forma parte de un todo mayor. Para el aprendiz de Ahimsa, la concepción del medio ambiente y la tierra como un solo cuerpo tiene mucho eco en cada aspecto de reverencia por la vida.

Nuestra falta de comprensión y el daño que directa o indirectamente causamos a los animales refleja un profundo desorden espiritual en la psique de nuestra especie. En Occidente nos han condicionado para pensar que grande es mejor que pequeño, que fuerte es mejor que débil, que rápido es mejor que lento y que fuerza física es mejor que fuerza espiritual o moral.

Gandhi escribió que “el Ahimsa es el deber más elevado. Incluso si no podemos practicarlo en su totalidad, debemos tratar de entender su esencia y abstenernos en todo lo más humanamente posible de la violencia”. Quizá la fuerza interior requiera que, cuando nos movemos motivados por nuestro sentido de la compasión, tengamos que aguantar que se nos tache de “sensibles” o “irracionales”.

El mayor obstáculo a superar no es tanto la falta de atención como la ignorancia que se tiene acerca de la difícil situación en la que se encuentran los animales. Las cosas eran muy diferentes hace cincuenta años. La función de las granjas era la cría de animales y tenían la obligación de cuidar de ellos. Con la producción industrial, la cría de animales está dirigida a la ciencia animal en detrimento del bienestar de éstos. Hoy en día, los animales de granja están deliberadamente apiñados y lo más inmóviles posible. La ciencia aplicada ha encontrado un sistema para acelerar el crecimiento de los pollos hasta tal punto que la gran mayoría tienen problemas para andar o quedan inmovilizados por la imposibilidad de soportar su propio peso. Los terneros son separados de sus madres al nacer y las vacas lecheras no descansan más de tres meses entre embarazos. Cuando su producción de leche declina se las mata para obtener carne barata para hamburguesas. En las granjas porcinas de cría intensiva, los cerdos duermen directamente sobre el cemento y no es raro que se les encierre en jaulas diminutas para el resto de sus vidas.

El Ahimsa supone un gran reto. No se trata de mantener únicamente una actitud pasiva frente a la no violencia, sino que requiere de un estado activo del ser interior. Normalmente nos cuesta interiorizar de forma consciente este sentimiento de compasión que hace que el Ahimsa sea contrario a la intención de herir a otro ser vivo. Reconocemos la situación a nivel intelectual, sin embargo, nuestra cultura ha hecho que estemos lo suficientemente insensibilizados como para ignorarlo, lo que por defecto permite que continúe. El hombre primitivo apreciaba la singularidad individual de los animales, que transformaron nuestra vida por su gran parecido, por sus travesuras e incluso por su sentido del humor. Estos humanos vivían en paz con los animales y hablaban su misma lengua. Se convirtieron en sus animales sagrados, en sus tótems y en sus maestros. Es precisamente ese instinto perdido que nos une a los ritmos y sonidos de la naturaleza el que el Ahimsa nos alienta a recuperar.

Un filósofo que no ha olvidado abordar el tema del trato hacia animales es E. F. Schumacher. éste observó que “no han existido, en nuestra sociedad o en cualquier otra, sabios o santos/as que fueran crueles con los animales o que no los consideraran más que como objetos; y son innumerables las leyendas e historias que relacionan la santidad y la felicidad con la bondad hacia estas criaturas”. Los iluminados actuales sitúan el origen de la industria del vacuno en la pérdida del sentido del valor sacro que poseemos tanto nosotros, como el resto de personas, los animales y la tierra. Esta pérdida refleja un ejercicio de poder insensible y cruel sobre otros animales más débiles que nosotros. No existe la compasión en una ciencia, filosofía o doctrina que ignore nuestra interdependencia con otras especies.

La compasión sufre miserablemente en manos de los grandes negocios. En su excelente libro, “Liberación Animal”, Peter Singer establece que nos encontramos ya en un campo moral elevado cuando nuestra causa es justa. El aprendizaje del Ahimsa requiere que nos enfrentemos a nuestra indiferencia y falta de coraje moral y que reconozcamos que los animales poseen una dignidad silenciosa propia que nosotros hemos violado. Determinar el eje en torno al cual gira nuestra ignorancia no es tarea fácil. Cuando, en el cambio de siglo, el místico Gurdjieff llegó a Occidente portando un mensaje que decía “el hombre está dormido. El hombre es una máquina”, fue malinterpretado. Afortunadamente, con la llegada del nuevo milenio, estamos más predispuestos a redefinir nuestros valores. Así, el vegetarianismo y el Ahimsa se están convirtiendo rápidamente en una necesidad racional y ética para la vida moderna.

Sin embargo, quizá deberían tener los animales la última palabra, pero como ellos no pueden hablar nuestra lengua, tienen que confiar en nosotros para que hablemos por ellos.

"Necesitamos otra concepción más inteligente y quizá más mística de los animales. Alejado de la naturaleza universal y viviendo en un complejo artificio, el hombre en sociedad analiza a estas criaturas a través del cristal de su conocimiento y es así como puede ver una pluma magnificada y distorsionada toda la imagen. Los tratamos con condescendencia por ser incompletos, por el trágico destino de haber adoptado una apariencia tan distinta a la nuestra. Y es aquí donde erramos, erramos horriblemente. El hombre no debería compararse con los animales. En un mundo más viejo y más completo, que tiene el don de extender los sentidos que hemos perdido o jamás conseguido, al vivir a merced de unas voces que jamás hemos oído. No son hermanos, no son subordinados. Son otras naciones, atrapadas con nosotros en la red de la vida y el tiempo, compañeros prisioneros del esplendor y sufrimiento de la tierra." - Henry Beston.

Fuente: “New Vegetarian and Natural Health”, verano 1998/9

Publicado en el número de mayo/junio de 1999 de la revista "Lifelines" de la TVA.