Asociación Vegetariana CanariaPASIFLORA |
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Tal vez parezca que nada tiene que ver nuestra alimentación con lo que pensamos y como nos comportamos, sin embargo sabemos muy bien cual es el efecto del comportamiento del hombre, y también de los animales, después de haber bebido alcohol en exceso, pero ¿comer vegetales, carnes u otros alimentos influyen en el comportamiento del hombre y de los animales? Veamos algunos casos: La revista El Régimen Naturista de 1904, publicada por la Sociedad Vegetariana Española, dice lo siguiente: “... Liebig, en su periódico The Lancet, tomo I – 1869 – cuenta varios casos que apoyan lo que dejamos indicado. Un oso, perteneciente al Museo Anatómico de Giessen (Gran Ducado de Hesse), mostrábase afable, manso y obediente mientras estuvo alimentado con pan, miel y granos. Se quiso experimentar en él el efecto de un régimen contrario, exclusivamente necrofágico; pero hubo que renunciar a ello muy pronto, porque se volvió arisco, inabordable, malo y peligroso para sus guardianes, a quienes desconocía y ponía en constante peligro por sus fuerzas terribles. Varias veces estuvieron a punto de darle muerte, pero se logró apaciguarle volviéndole al primitivo régimen alimenticio". Es sabido que los cerdos alimentados con carne caen en ese mismo estado de furor, y parece que revive en ellos la naturaleza brutal del jabalí. Sus carnes se resisten de la bravía aspereza del alimento, pierden todas las condiciones que las hacen tan apreciadas de los gastrónomos. De aquí proviene la absoluta prohibición de comer carne de cerdo que la religión judáica impuso a sus adeptos desde el origen de esta creencia, porque en la Judea, cuna del pueblo hebreo, los cerdos no se podían alimentar de otro modo que de inmundicias o residuos de animales. Los perros de guarda se hacen feroces manteniéndolos con carnes, mejor crudas que de cualquier otro modo, y hay que tenerlos constantemente atados, porque desconocerían de noche a sus amos, y se les ve forcejear con su cadena y ladrar furiosos al menor ruido. Respecto a las personas, el Dr. Dundas Thompson (Experimental researches-1860), habla de los extraños efectos de una comida de carne en algunos indios aborígenes, vegetarianos de nacimiento y por costumbre: “Comieron, dice, delicia y de una manera voraz. Una o dos horas después, con gran sorpresa mía, vi completamente la expresión de sus fisonomías, y en sus gestos desordenados, sus palabras incoherentes, en la excitación de sus conceptos y en su tartamudeo ininteligible, se veían los mismos efectos que si hubieran bebido copiosamente compuestos alcohólicos. Una borrachera krefágica evidente.” Ann Wigmore expone este caso en su libro Naturaleza y Salud: “Hace unos años, John era propietario de una tienda de animales, especializada en la crianza y venta de ratoncitos blancos. Vendía miles y miles de ratoncitos blancos a los países más diversos del mundo. En el recinto donde criaba los ratones había colocado una gran bala de heno. Utilizando para ello la hierba seca, los ratones construyeron una especie de “casa de apartamentos”. Excavaron numerosos túneles, construyeron “jardines colgantes”, auténticos pueblos y casas con terrazas en las que criaban a las nuevas generaciones en un ambiente de armonía. Su existencia era feliz y se caracterizaba por la paz y la abundancia. Pero John empezó a preocuparse por la subida de los precios del grano con que alimentaba a sus ratones y a buscar maneras de reducir los costes. Un vecino que tenía un albergue grande se ofreció a entregarle todos los días los restos de las mesas. John aceptó rápidamente aquella oportunidad que se le ofrecía de incrementar sus beneficios. Pero, cuando sustituyó el grano por las sobras de la comida, fue como si una gran desgracia se hubiera abatido sobre la comunidad de ratones. En cuanto empezaron a consumir los mismos alimentos que los humanos desapareció la forma de vida en cooperativa de los ratones. Estallaron peleas, llegando a producirse auténticas batallas en los túneles excavados en la bala de heno. Al cabo de sólo una semana, había ratones muertos y devoraban a sus crías. Los ratones más débiles se veían sacrificados sin que mediara la menor provocación. Dándose cuenta del desastre que se le venía encima, John renunció a las sobras de comida y volvió al grano. Y el resultado no tardó en hacerse evidente. Dejaron de aparecer ratones muertos o medio devorados.”
Luis Vallejo
Mantenido por David Román -
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