Asociación Vegetariana CanariaPASIFLORA |
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MENU DE LA VIDA
Como existen varios tipos de menú que mantienen al ser humano vigoroso, e incluso que lo curan de enfermedades declaradas como incurables por la Medicina alópata, mejor sería hablar de varios menús, o mejor dicho, dietas.
Veamos brevemente algunas de ellas:
Una es la dieta cruda vegetariana, que en general va bien y algunos amigos míos la practican.
Otra es la vegetariana cocinada en parte, mejor con exclusión de huevo y lácteos. Esta dieta ha curado a muchas personas comedoras de carne que, debido a lo bien que se han encontrado, se han hecho vegetarianos. Si acude a alguna asociación vegetariana, es probable que se encuentre más de un caso de personas que le den su testimonio de curación.
Para citar un caso, expondré uno:
“El autor de estas modestas “Nociones”, a los 45 años pesaba 114 Kg; era un devorador de filetes y de langostas, bebedor de vinos y de eso que aún es posible decir en TVE “que es cosa de hombres”. Con 24 de tensión arterial, por los caminos de Gerona, sufrí una hemiplejía, trayéndome en camilla a los mejores clínicos de Barcelona. Consumí durante un año un arsenal de fármacos e inyectables, empeorando cada día más, con el natural desespero de mi esposa, farmacéutica del Iltre. Colegio de Barcelona, hasta que por fin obedecí a un vegetariano ejemplar, curado como tantos miles, por naturismo. Dejé de lado los fármacos, abracé el sol, el aire, la dieta vegetariana, el limón, los ajos, la cebolla y volví a gozar de la vida, del optimismo y de la fe. (Querido amigo Agustín Sauch Gili: gracias y perdona que te hubiera tomado el pelo, con tus limones y tus queridas hierbas).”
Este es el testimonio de Domingo Bellsolá, señor que tanto se entusiasmó con el vegetarianismo que llegó a ser Secretario de la Asociación Vegetariana de Barcelona y escribió el libro El Naturismo, donde expone este testimonio.
Otra dieta muy eficaz es la cura de uvas que consiste en comer uvas como único alimento, o en beber su zumo, durante varias semanas. Con esta dieta se curó la señora Johanna Brandt de cáncer de estómago y escribió el libro La Cura de Uvas que se reeditó 23 veces. También la señora Anne Beeken se curó de cáncer de hígado con 42 días de ayuno seguido de 33 de cura de uvas.
MENÚ DE LA MUERTE
DESAYUNO: Queso, avena molida, leche condensada, salchichas, patatas fritas, carne salada, jamón ahumado, carne asada, jugo de carne, pan blanco, mantequilla, café y azúcar blanco.
ALMUERZO: Sopa de guisantes secos, sopa de patatas, carne y lentejas, carne asada y frita, conservas, pescado salado, patatas, pan blanco, galletas, soda, mantequilla, leche condensada, café y azúcar blanco.
CENA: Carne asada, frita, guisada y picada, chuletas fritas, jugo de carne, patatas, pan blanco, mantequilla, leche condensada, café y azúcar blanco.
Este menú que tal vez a más de un lector encuentre apetitoso y tal vez contenga parte de lo que habitualmente come, lo podemos llamar sin equivocarnos “el menú de la muerte” pues desgraciadamente costó la vida a más de un hombre, según informa el Dr. Angel Bidaurrazaga en su libro La Dieta Natural:
“Esta es la narración de un episodio ocurrido durante la guerra europea de 1914-1918. Hoover, encargado por el gobierno alemán de la administración y suministro de los alimentos durante la guerra, se hallaba influenciado por la teoría termo-química, de manera que en sus apreciaciones de valor de los alimentos miraba invariablemente a su capacidad productiva de calorías, ignorando o desentendiéndose en absoluto de la suprema transcendencia asignada a la riqueza vitaminosa en las sales minerales organizadas por las frutas. Hagamos un relato de lo sucedido.
El crucero auxiliar alemán Kronprinz Wilhelm salió de Hoboken el 2 de agosto de 1914 con misión de buque pirata. Durante 9 meses capturaron y hundieron nada menos que a 14 buques franceses e ingleses, tomando de ellos todas las vituallas. Los buques capturados estaban abarrotados de carne fresca. Uno de ellos poseía cargamento de harina de trigo entero; pero los alemanes sólo tomaron del barco la harina blanca, mantequilla, conservas de latería, jamón, tocino, y hundieron el barco.
Los hombres del navío alemán, vivían en la mayor abundancia. Al cabo de 9 meses comenzó la tragedia. Habían estado viviendo durante 250 días con los alimentos más ricos, de alto índice calórico, bajo la dirección del Dr. Perrenon, con el resultado de que la tripulación se hizo inepta y el comandante se vio obligado a rendirse a un poder neutral (lo era en aquella fecha los Estados Unidos). Cuando el crucero penetró en la bahía de Norfolk, ya parte de la tripulación había encontrado sepultura en el mar. 106 enfermos guardaban cama y de ellos, bastantes se encontraban al borde de la muerte. El padecimiento que les aquejaba era similar al beriberi o pelagra, y los síntomas predominantes: pérdida de fuerza, quebrantamiento nervioso, hinchazón, edema generalizado.
El Dr. Alfred Mc Cann hizo saber a su colega Perronon que los supervivientes debían ser alimentados con frutas frescas, vegetales frescos y de bebida agua con corteza de cereales. Rápidamente comenzaron a mejorar de sus molestias y todos hicieron una curación completa.”
Esta triste experiencia muestra que la dieta con abundantes carnes, alimentos vegetales refinados y desprovista de vegetales crudos y de frutas, conducen al hombre a la muerte y en cambio la dieta con vegetales crudos lo mantiene sano, e incluso lo curan. Y una pregunta al lector: su dieta a cuál se parece más, ¿al menú de la vida o al de la muerte?
Luis Vallejo
Mantenido por David Román -
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