Asociación Vegetariana Canaria
PASIFLORA

Cinco razones para dejar de comer carne

(Artículo de José Gómez Muñoz)

¿Sabía usted que la carne se corrompe tan rápidamente que cuando vamos a comerla, esa que se considera “fresca” siempre está ya –en mayor o menor medida- en estado de putrefacción? Sí amigo lector, las bacterias contenidas en un solo gramo de carne –aunque sea fresca- se cuentan por millones. Para que se haga una idea: las salchichas, a poco de fabricarse, tienen 120 millones de bacterias, que sólo 20 horas después, pasan a ser 490 millones; y si hablamos de chuletas frescas, las bacterias son 560 millones por gramo, pasando a 840 millones a las 20 horas.

La carne, además, es rica en ácido úrico, fosfórico y sulfúrico; purinas, xantinas y metales pesados como el plomo o el cadmio; colesterol, antibióticos, hormonas... y toda una larga lista de elementos muy perjudiciales para la salud, a los que habría que sumar los venenos químicos y pesticidas, mucho más abundantes aún que en los vegetales.

1 – RAZONES DE SALUD:

Por si fuera poco, los productos cárnicos contribuyen al desarrollo de enfermedades cardíacas, cánceres de todo tipo – especialmente de estómago, intestino y colon-, diabetes, arterioesclerosis, gota, artritis, reumatismo, hemorroides, obesidad, cálculos, úlceras, varices, nefritis, estreñimiento, osteoporosis, mala circulación y todo un abanico de dolencias degenerativas. La prueba más evidente de ello es que prácticamente todas las enfermedades mejoran, si también lo hace nuestra alimentación.

Y todo ello sin tener en cuenta otra realidad, como es la aberrante forma en que generalmente se cría y alimenta al ganado, obligándolo a ingerir grandes cantidades de productos químicos y drogas, amén de los pesticidas con que supuestamente se protege al forraje, que irán a parar inevitablemente al estómago del consumidor.

En las sociedades occidentales, las enfermedades cardíacas son la causa de muerte de más de la mitad de las personas que fallecen, un hecho que, según la Asociación Médica Americana, podría preverse en el 97 % de los casos con una dieta vegetal. Es más, el Dr. Colin Campbell asegura que el 90 % de todos los cánceres y enfermedades cardiovasculares podrían evitarse con una alimentación sin carne. De hecho, todas las asociaciones anticáncer aconsejan una dieta baja en grasas animales y alta en fibra y vegetales.

Todo parece indicar, pues, que la dieta vegetariana es más que recomendable. Así, estudios efectuados en Gran Bretaña han venido a demostrar que los vegetarianos disfrutan de mejor salud a lo largo de su vida. Otras investigaciones –como las realizadas en 1991 por el Centro del Cáncer de Heidelberg y en 1995 por la Universidad de Harvard o las publicadas en 1994 por el British Medical Journal, indican que estas personas se encuentran más protegidas contra el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, viven más años, gozan de mejor salud en general, gastan menos en Seguridad Social y sus bajas laborales son inferiores. Porque tal y como sugiere uno de los más destacados expertos en este campo, el Dr. Everett Koop, lo peor de la dieta occidental basada en el alimento animal no solo es que esté matando a millones de personas, sino que está arruinando la salud de muchas más.

Algo que no ocurre por ejemplo con determinados pueblos, como los hunzas, una de las tribus más sanas, longevas y felices de La Tierra. Los hunzas no conocen dolencias como el cáncer, el sida, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Su “secreto”: una alimentación frugal y básicamente vegetariana, junto a un sistema de vida sencillo, pacífico y natural.

2 – RAZONES FISIOLÓGICAS:

Además de las razones expuestas, hay otras muchas que avalan la bondad de la dieta vegetariana. Así, el estudio de la anatomía y fisiología comparada demuestra que la naturaleza humana, el conjunto de todos nuestros órganos y jugos digestivos, está especialmente diseñada para este tipo de alimentación. Por ejemplo, los intestinos del hombre son el triple de largo que los de los animales carnívoros y la carne tarda en atravesarlos cuatro veces más que cualquier vegetal, un recorrido interminable en el transcurso del cual se pueden originar determinados residuos tóxicos prácticamente imposibles de eliminar. En consecuencia aunque sepamos por experiencia que los seres humanos somos capaces de sobrevivir comiendo casi cualquier cosa, no podemos olvidar que será a costa de nuestra salud.

3 – RAZONES ECOLÓGICAS:

Sin embargo, no es sólo nuestro bienestar físico lo que está en juego cuando consumimos carne indiscriminadamente. También le estamos haciendo un flaco favor a nuestro maltrecho planeta. Porque tanto las granjas como los mataderos contaminan los acuíferos, provocando un nivel de polución equivalente al triple del generado por la industrial.

Aunque parezca mentira, lo cierto es que producir un solo kilo de carne de vaca supone la inversión de 23.463 litros de agua y la pérdida de 16 kilos de la capa superficial del suelo. Es más, cada día se destruyen alrededor de 30.000 hectáreas de selva tropical (16 m2 por cada hamburguesa de 115 gramos) con el fin de ser utilizadas como pastizales que rápidamente se volverán improductivos. En esta operación morirán o se extinguirán incontables animales y plantas y cada minuto 50 toneladas de tierras fértiles habrán sido arrasadas por la erosión.

Por tanto, no parece excesivo afirmar que el ganado es una de las causas de la destrucción de la selva tropical y la desertización del planeta.

4 – RAZONES ECONÓMICAS:

Una escasa mentalidad ecológica en la que todos –algunos sin saberlo- tenemos nuestra parte de culpa. Porque sin la ayuda y subvenciones que los gobiernos conceden al sector cárnico, el precio de estos productos se multiplicaría por diez. Es decir, que con el dinero de todos se está fomentando una nada saludable dieta alimenticia que, paradójicamente, contribuye al hambre de buena parte de la población mundial. Porque si toda la tierra cultivable se utilizara sólo para plantar vegetales, éstos podrían alimentar a un mundo cinco veces más poblado que el actual. Por ejemplo: un simple kilo de nueces tiene una capacidad alimenticia 6 veces superior a la de la carne y cuesta 10 veces menos. Otro: producir un kilo de carne de vaca equivale a generar 15 kilos de trigo o 250 platos de soja, pero gasta 200 veces más agua que los cereales o las patatas. Es más: en la tierra que necesita un carnívoro para vivir podrían hacerlo tranquilamente 20 vegetarianos.

De lo que se deduce que la dedicación de tanta tierra, energía, agua y alimentos a la cría de ganado, sobre todo cuando sabemos que cada año mueren de hambre más de 60 millones de personas –la mayoría de ellos niños-, sin contar con los que agonizan o viven en condiciones miserables, está absolutamente injustificada.

5 – RAZONES MORALES:

Y en este oscuro entramado muchas veces nos olvidamos de que hay otras víctimas inocentes, precisamente aquellos seres que han compartido con nosotros el destino de La Tierra desde sus inicios, que nos han servido humildemente y que siempre se encuentran a nuestra disposición: los animales.

Estamos hablando, por ejemplo, de vacas hacinadas en establos donde no pueden correr ni ver la luz del Sol; de terneras que, recién nacidas, son arrancadas de sus madres y criadas expresamente sin hierro para que su carne sea más tierna y blanca. Lo que no sabe la mayoría de la gente es que, para evitar que mueran, estas terneras son atiborradas con grandes dosis de antibióticos y drogas que, inevitablemente, irán a parar a la sangre del que se las come. Por su parte, a los pocos días de nacer, a los gansos y a las ocas se les introduce un embudo de más de 40 centímetros para obligarles a tragar una gran cantidad de comida, de forma que su hígado (el futuro y exquisito foie-gras que tanto nos gusta) se hinche desmesuradamente. Tampoco los cerdos, pollos o corderos tienen mejor suerte. Una película de su corta vida y horripilante muerte sería un auténtico thriller de terror.

Todo ellos por no hablar de los mataderos, esos lugares espeluznantes donde los alaridos desgarradores se mezclan con la sangre, el dolor y la muerte: una auténtica pesadilla para cualquier persona que posea un mínimo de sensibilidad.

Ahora, preguntemos: ¿comeríamos carne si tuviéramos que cazar, asesinar, despellejar y descuartizar a estos animales con nuestras propias manos? Pues bien, el hecho de que no seamos capaces de llevar a cabo el trabajo no nos exime de culpa. “No olvides –dijo Emerson- que por muy lejos y escondido que esté el matadero, tu que comes carne siempre serás su cómplice.” Y no olvidemos tampoco que una persona carnívora habrá devorado a lo largo de su vida una media de 43 cerdos, 1.107 pollos, 11 vacas, 3 borregos y muchos otros animales.

Y lo peor no es que los matemos para comérnoslos, sino que también lo hacemos por deporte, por placer, tradición, para vestirnos con sus pieles e, incluso, por diversión. Y, en nombre de la ciencia, los sometemos a maltrato, explotación y esclavitud, les provocamos los más atroces sufrimientos, les inyectamos todo tipo de drogas, experimentamos con ellos las más espantosas radiaciones, los matamos de hambre o de frío y los cocemos vivos... todo ello en pleno siglo XX, cuando hay –y lo sabemos- otras alternativas sin duda mucho más éticas y, a menudo, mucho más eficaces. A cambio, los animales embellecen el mundo en que vivimos, nos compensan del sufrimiento con su alegría, nos ofrecen su amistad, lealtad y compañía, su nobleza y cariño, su ayuda y su amor.

Hay una ley sagrada que dice “Lo que siembras recogerás”. ¿Cuál será nuestra cosecha mientras sigamos permitiendo esta descomunal masacre sólo para saciar nuestra gula? Tal vez la respuesta la encontremos en esta sentencia de Pitágoras: “Mientras los hombres sigan masacrando y devorando a sus hermanos los animales, reinará en La Tierra la guerra y el sufrimiento y se matarán unos a otros, pues aquel que siembra el dolor y la muerte no podrá cosechar ni la alegría ni la paz ni el amor.”



Mantenido por David Román -